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lunes, 30 de septiembre de 2013

Meditaciones desde el blogsuelo: Douglas Coupland. De la "Generación X" a la "Generación A"









Aplastado por el peso de su propia "generación", Coupland aparece y desaparece una y otra vez reinventándose y deconstruyéndose a sí mismo a la vez que se ríe del mercado y los cánones literarios.

 

 

 

 

¿Qué fue de la Generación X?

Nadie lo tiene demasiado claro... Hubo algunos significativos anuncios de televisión que trataron de aprovecharse de la etiqueta. La letra X siempre vende pero además de eso quizá se pueda hablar del movimiento grunge. Probablemente Kurt Cobain representase mejor que nadie el espíritu, la esencia que se ocultaba tras la incógnita de la ecuación pero Kurt se fue; enseguida se cansó de la etiqueta lo que de alguna manera quizá sirva precisamente para definirla.
La Generación X es probablemente la de todos aquellos que perdieron la virginidad justo después de que el sistema capitalista hubiese quedado definitivamente establecido. La de los que de repente se despertaron en el mundo de las marcas y los logos corporativos. La de los que de pronto se miraban al espejo convertidos en hombre-anuncio con la ® de marca registrada merodeando por todas partes... y de ahí la elección de la X como mecanismo de reacción, el símbolo clásico de la indefinición, de la incógnita.
De ahí la Generación X de Douglas Coupland.

Generación X (1991)

No entraremos aquí en el debate sobre la paternidad de la etiqueta pero lo cierto es que tanto biográfica como literariamente, Coupland estaba en el lugar exacto en el momento oportuno; en todo caso... ópera prima de un autor diferente y novela de ruptura.
Artefacto "tecnológico" y negativo fotográfico del Menos que cero (1985) de Bret Easton Ellis. Donde Ellis reflejaba la nada en medio del todo, Coupland escenifica el todo en medio de la nada y mientras tanto -y a la vez- ambos enlazando con El guardián entre el centeno de Salinger.
Las tres siempre como contrapunto -como cara B- del Gran Sueño Americano y, por extensión, occidental.
Rebelde la de Salinger.
Apática la de Ellis.
Integradamente irónica la de Coupland.

El peso de la fama

Exactamente igual que cualquier actor adolescente protagonista de la sitcom coyunturalmente de moda, Coupland sufrió horrores para desprenderse de la piel de sus primeros personajes si bien es cierto que él mismo disfrutó encasillándose en ellos (Planeta Champú, 1992) o sometiéndolos a relecturas sobrenaturales y apocalípticas (La segunda oportunidad, 1998) pero también quiso interpretar nuevos y arriesgados papeles disfrazándose en Microsiervos (1995) de una especie de gurú visionario (anticipándose aquí al boom de las startups y los emprendedores puntocom) en una línea que podía emparentarse con las propuestas más arriesgadas formalmente de Burroughs o Vonnegut; una obra que de hecho aún se recuerda como obra de culto en algunos de los más oscuros pero deliciosos rincones de la World Wide Web.
Incluso trató de escribir una de esas grandes novelas americanas sobre familias y comunidades disfuncionales que tanto gustan al stablishment literario anglosajón (Todas las familias son psicóticas, 2001) pero todo daba igual... la imaginería popular de Coupland y su tendencia experimental -combinada con su vertiente de artista visual y diseñador gráfico- nunca serían admitidas en las más altas y siniestras esferas literarias que siguen manteniendo la pedante erudición a través de una narratividad obsoleta como sello de "calidad".
Y Coupland había cometido, además, el peor de los errores. Douglas Coupland había escrito la novela que había marcado una época. Una propuesta que trascendía los límites de lo literario para convertirse en un artefacto cultural de igual o mayor potencia que los que constantemente pueblan su narrativa, la manzana de Apple, las piezas de Lego o la sopa de tomate de Andy Warhol entre algunos otros cientos de miles, por lo que no estamos hablando ya de la Generación X sino de la manoseada posmodernidad en su más amplia expresión... sea la que sea.

Coupland en España

Publicado al principio en la colección Tiempos Modernos de Ediciones B cuya desaparición desintegró también el fenómeno Coupland en España; de repente todas sus títulos estaban descatalogados. Apagados o fuera de cobertura, algunos ni siquiera llegaron a traducirse y, sin embargo, en las librerías de viejo se habían convertido ya en artículos de culto que, habitualmente, siguen alcanzando los cincuenta euros por ejemplar usado.
En 2002, recuperó al Coupland de Todas las familias son psicóticas, imposible otra vez de localizar a día de hoy. Algo persistía flotando en el ambiente, una necesidad de literatura en tiempo real como la que Coupland siempre ha practicado.
Fue en 2006 cuando El Aleph Editores tomó el testigo volviendo a apostar por el canadiense y la que denominaremos su "trilogía de la globalización".

Coupland en el siglo XXI: jPod, El ladrón de chicles y Generación A

jPod (2006), "un viaje letal al corazón de la Generación Google" a la vez que continuación/recuperación/actualización de Microsiervos, es el punto de partida de esta especie de trilogía protagonizada por los nuevos tipos de la calle: programadores informáticos, dependientes de grandes superficie y todo tipo de adictos al YouTube y la alimentación transgénica.
jPod, un artefacto a medio camino entre la literatura y el diseño, una evolución de la integración entre forma y contenido y una locura digitalmente psicodélica a la que seguiría El ladrón de chicles (2007, traducido en 2008), una especie de historia de amor y reciclaje metaliterario en la era de los empleos no cualificados.
Con Generación A (2009, traducido en 2011) Coupland tal vez esté tratando de cerrar el círculo o, quizás, de aprovechar la etiqueta repleta de claroscuros que ha catalizado toda su obra literaria al mismo tiempo que lanza su propia línea de ropa de marca registrada.

El posibilismo vital como conclusión

Satirizar el sistema establecido no tiene por qué ser incompatible con poder hacer un buen montón de dólares a su costa.
Son las ventajas de haber estado estudiando al enemigo durante veinte años.


Post Data (para editores): los libros de Coupland siguen agotados, descatalogados o inéditos en España, ¿en qué diablos estáis pensando? 

(Publicado originalmente en Suite 101 el 12/3/2012)

viernes, 27 de septiembre de 2013

Meditaciones desde el blgsuelo: Palahniuk y la metáfora del "club de lucha"

"La primera regla del Club de la Lucha es: NADIE habla sobre el Club de la Lucha."

"La segunda regla del Club de la Lucha es: NADIE habla sobre el Club de la Lucha."

 Y de algún modo el secreto se sigue manteniendo en los círculos underground puesto que, pesar de que la gran mayoría habrá visto la película de 1999 sobre el Fight Club, no demasiada gente conoce aún en España -y muchos menos podrían deletrearlo- el nombre que se esconde tras semejante y pertubador proyecto literario.

La tercera regla de el Club de la Lucha es

"La pelea termina cuando uno de los contendientes grita 'alto', pierde la vertical o hace una seña".
Demasiado problemático para los estándares literarios anglosajones; sin Las correcciones de Jonathan Franzen, el aburguesamiento narrativo de Paul Auster o las tendencias eremíticas de Cormac McCarthy o Thomas Pynchon, Palahniuk es ante todo un provocador que convulsiona el establishment literario en su decidida apuesta por hacerlo saltar por los aires.
Cualquier parecido con su personaje Tyler Durden es sólo fruto de una cuidada premeditación.
Palahniuk estudió periodismo pero como muchos universitarios tuvo después que ganarse la vida en toda una serie de trabajos que reflejan miméticamente la sociedad de consumo y sus ruedas dentadas; una cadena de montaje, una empresa de fabricación de contenedores... hasta encontrar un puesto de redactor técnico que recuerda más de la cuenta al del personaje interpretado por en la adaptación cinematográfica.
"La cuarta regla del Club de la lucha es: sólo dos personas por pelea".
El muchacho bueno, el trabajador, el consumidor de muebles de IKEA, el integrado... el alienado, y/o el atractivo anarquista interpretado por Brad Pitt.
Y precisamente eso es lo que más suele molestar de Palahniuk en los círculos literarios más puristas, tradicionales e integristas; lo que molesta de Palahniuk es que no le interese lo más mínimo ocupar el puesto de Philip Roth o Norman Mailer sino que prefiera comportarse como Brad Pitt y, por eso, sus giras de promoción suelen parecerse más a un estreno de Hollywood que a lo que debería ser el comportamiento austero y distante de un escritor con clase.
"La quinta regla del Club de la Lucha es: sólo una pelea a la vez".
Esto es algo que, como todos los chicos malos -que no lo olvidemos siempre resultan más atractivos-, Palahniuk no ha podido lograr. Los frentes de batalla siempre están abiertos y se multiplican por todas partes. A los autores de culto se los ama o se los odia sin términos medios y por eso los elogios se vuelven apologías, casi evangelios, y las críticas acaban desembocando en el terreno personal como la periodista que decidió que era una buena idea aludir a su homosexualidad como argumentación de su opinión sobre Chuck y éste le respondió con un irreproducible mensaje en su buzón telefónico que entre otras lindezas incluía alguna que otra amenaza de muerte (parental advisory); sin olvidarnos de todas las puritanas asociaciones que lo han acusado de prácticamente cualquier cosa, misoginia, machismo, fascismo, etcétera.
"La sexta regla del Club de la Lucha es: sin camisa ni zapatos".
Y más de una vez es así como Palahniuk se ha presentado a sus lecturas literarias; exhibiendo el físico del que, como él mismo ha reconocido, alguna vez estuvo enfermo de vigorexia.
"La séptima regla del Club de la Lucha es: cada pelea dura lo que tiene que durar".
Frecuentemente hasta que Chuck consigue que alguien caiga desmayado al suelo. Se cuentan por centenares los estómagos sensibles que no pudieron resistir la narración de "Tripas", escatología llevada al último extremo.

La octava y última regla del Club de Lucha es

"Si esta es tu primera noche en el Club de la Lucha entonces TIENES que pelear".
Demasiado explícita, demasiado sugerente... demasiado peligrosa. El Club de la Lucha (1997), la crítica más ácida y destructiva contra la sociedad capitalista desde el American Psycho de Bret Easton Ellis.

El Proyecto Estragos (The Mayhem Project)

"La primera regla del Proyecto Estragos es no hacer preguntas".
Y no, no se trataba de juventudes hitlerianas como muchos quisieron ver sino de algo incluso más terrorífico aún; una estructuración de los movimientos antiglobalización y, por extensión, antisistema.
"La segunda regla del Proyecto Estragos es no hacer preguntas".
Un proyecto que trascendía los círculos literarios hasta convertirse necesariamente en alguna otra cosa.
Enseguida los eruditos se apresuraron a salir a la palestra para reducir a Palahniuk a un escritor de estribillos, eslóganes y consignas en imperativo. Un lector de los aforismos de Nietzsche más preocupado por la estructura cinematográfica de sus novelas que de su calidad literaria pero...
"La tercera regla del Proyecto Estragos es no poner excusas".
El mundo entero se queja de que los jóvenes cada vez leen menos pero, tal vez, muchos se hayan olvidado de hablarles en su propio idioma y...
"La cuarta regla del Proyecto Estragos es no mentir"
Si hay que reconocer que uno es un adicto sexual obsesionado por la masturbación, la pornografía, las peleas de bares y la cultura de la imagen pues se reconoce. Lo peor que puede pasar es que algunos millones de individuos se sientan identificados y...
"La quinta regla del Proyecto Estragos es confiar en Chuck".
No en vano, la página web de Palahniuk se llama The Cult (El Culto), un website en el que, como los "mercenarios" del Proyecto Estragos, acaban llegando todos los muchachos hastiados que tratan de huir del flujo del mainstream en busca de verdaderas emociones.

Así que, ya sabes, "si te detienen, serás expulsado del Proyecto Estragos" y, recuerda que...
"La última regla... es no hacer preguntas".


 (Publicado originalmente en Suite 101 el 29/12/2010)

jueves, 27 de octubre de 2011

Meditaciones desde el blogsuelo: Diálogo psicótico-literario con un gato

Hace ya un par de semanas desde el berrinche que se convirtió en la génesis de este blog y desde entonces no he dejado de darle vueltas a qué carajo hacer con él.
Hace un par de semanas dije que la idea era poder amenazar libremente a quién me diera la gana pero nada más llegar a la blogosfera literaria lo primero que me ha quedado claro es que por aquí ya está todo el mundo apuñalado... Además he caído en la cuenta de que yo no tengo ni siquiera media docena de miserables pero entrañables enemigos.
¿Algún consejo para meterme en problemas?

Un escritor de éxito que ni siquiera conozco pero que, al menos, ha sido el único que se ha dignado a contestar mis correos electrónicos escritos con recortes de periódico me ha dicho: "novato, por aquí ya está todo el pescado vendido, déjalo mientras puedas o acabarás en una cuneta cibernética con una sobredosis de ADSL en el hipotálamo."

Al parecer los tipos que hace cinco años tuvieron la suerte de estar en ese mítico lugar-adecuado-en-el-momento-oportuno se han ocupado ya de crear su propio mainstream blogosférico. Incluso han elaborado un mapa y establecido unas directrices de calidad bloguera:


Alberto Olmos fue uno de los pioneros en todo esto y hay que respetarlo y tal pero... Alberto, colega, así como lo dices casi parece más difícil abrir un blog que colarle una novela a alguna editorial despistada.

Por otra parte, al parecer Alberto Olmos es también el chico de moda del mes de octubre en el panorama literario patrio y eso le garantiza un macabro montón de enemigos en expansión geométrica... ¡Ah, Olmos, cómo te envidio!

Es entonces cuando en el navegador se abre de repente un cuadro de diálogo imposible que me desconcierta pero sólo un poco:

Kurky (gato): ¡Hosti, tú!... ¿por qué no te pones a rajar un rato del Olmos ese y así te subes también tú al carro?
Alter ego: ¿Hay algún carro? ¿Dónde?
Kurky (gato): Ya sabes, todos esos escritores tienen alarmas de Google con sus nombres así que, cada vez que los menciones, las arañas de los buscadores los atraerán como moscas a la mierda.
Alter ego: ¿Estás diciendo que lo que escribo es mierda?
Kurky (gato): ¿Tú no?
Alter ego: Hum... en fin, capto tu idea pero, ¿te importaría repetírmela otra vez?
Kurky (gato): Has de mencionar constantemente nombres de autores y títulos de libros en plan tope asertivo, como si en realidad los hubieses leído y todo. Los escritores frustrados y muertos por inanición son los únicos que leen los blogs de otros escritores frustrados y muertos por inanición. Ese ha de ser tu objetivo, tu nicho de mercado. Únicamente mencionando cuantos más nombres posibles podrás generar el tráfico suficiente para que los motores de búsqueda aumenten tu caché en blogspot y, así, poco a poco tu nombre comience a sonar en el patio de porteras de la nueva narrativa. Luego cuatro nociones básicas de escritura SEO y de ahí a la fama y al mapa de la blogosfera literaria de Olmos no hay ni medio paso.
Alter ego: Ok, puedo hacerlo, hay muchos tipos que me gustan: Douglas Coupland, Easton Ellis, Palahniuk y el Ray Loriga de los 90... Los mencionaré a todos.
Kurky (gato): ¡Oh cielos!... Eres aún más gilipollas de lo que ya sospechaba.
Alter ego: ¿Qué pasa?... ¿Qué he hecho mal esta vez?
Kurky (gato): Está bien, te haré un esquema. un mapa conceptual de esos que tanto te gustan.
  • Punto nº 1: Nada de escritores junkies pasados de moda.
 Alter ego: ¿Pasados de moda?... pero ni siquiera se han muerto en plan Bukowski.
Kurky (gato): Ssssh... cierra el buzón y escucha:
  • Punto nº 1: Hablar de escritores junkies no genera tráfico. A esos tíos no les hace falta saber idiomas. 
  • Punto nº 2: ¿Ray Loriga?... por favor, pero si es un anciano y ni siquiera tiene un blog, no lo necesita. Hablar de escritores sin blog, Facebook ni Twitter no genera tráfico. 
 Y sobre todo: 
  • Punto nº 3: HABLAR BIEN DE OTROS ESCRITORES NO GENERA TRÁFICO... probablemente se toquen delante de tu post pero ni siquiera se molestarán en escribir unos cuantos comentarios anónimos y amenazadores.
Alter ego: Ok, lo pillo colega. La consigna es poner a parir a escritores españoles adictos al Twitter. Se me ocurren unas cuantas cosas acerca de Pérez Reverte... me pongo a ello. 
Kurky (gato): Uf... acabas de inventar el punto nº 4: 
Nada de vacas sagradas. A las vacas sagradas sólo les interesa lo que tienen en el horno y además ya disponen de sus propios y refinados métodos para joder a los novatos.
Alter ego: ¿Entonces qué?... Regresamos al punto de partida y rajamos de Olmos como todo el mundo este mes de octubre.
Kurky (gato): Por ejemplo.
Alter ego: Está bien pero el pavo tiene un montón de novelas, ¿cuál nos leemos primero?
Kurky (gato): ¿Leer?... ¿Quién en este mundillo necesita leer nada para ponerse a destripar unas cuantas barrigas?
Alter ego: Creo que he vuelto a perderme y tengo la sensación de que quieres que me acabe convirtiendo en un tertuliano de Telecinco.
Kurky (gato): ¿No querías ser bloguero literario?
Alter ego: Bueno, quizás... pero es que aún me funcionan algunos principios.
Kurky (gato): Tranki tronko, eso se cura con el tiempo, además por ahí vas diciendo que eres escritor. Asúmelo.
Alter ego: ¿El qué?
Kurky (gato): Tu trabajo.
Alter ego: ¿En qué consiste?
Kurky (gato): Prostitución emocional pura y dura, colega, como de telemagacín de sobremesa.

Como comienzo a estresarme un poco, dejo el teclado, me acerco a la cocina y abro una lata de whiskas. Delicias de pescado y gambas, nada menos, que todos mis alter egos engullen sin saborear justo antes de dar media docena de vueltas en círculos sobre la alfombra y quedarse dormidos.

Vuelvo a estar solo.

¿Por dónde íbamos?...

Ah, sí. El leiv motiv de mi vida; siempre llegando tarde a todas las fiestas, justo cuando las botellas ya están vacías y los invitados fornican alegremente por las esquinas con sus propias parejas de baile...

La blogosfera literaria.

("bienvenidos al sida felino")

¿Por dónde empezar?...

Creo que rastrearé el blogsuelo en busca de alguna colilla a la que aún se le puedan extraer un par de caladas.




viernes, 7 de octubre de 2011

Meditaciones desde el blogsuelo: Diez motivos para abrir un blog

  1. En épocas de crisis cada vez tengo más tiempo libre.
  2. El porno en Internet comienza a estresarme un poco y...
  3. ... tengo tantas cosas que decir.
  4. Resulta más que evidente que la sociedad 2.0 NECESITA a otro escritor frustrado con su propio espacio para lloriquear.
  5. Mis antiguos editores aseguraban que "sería una buena idea".
  6. Mi agente insiste en que la "visibilidad" es fundamental.
  7. Mis futuros editores... en fin, ni siquiera saben que existo.
  8. Una chica atractiva me dijo una vez que "quien no tiene un blog no es nadie"... luego desapareció entre el humo de los cigarrillos por aquella época en la que aún era posible fumar en los bares.
  9. Ayer pasó esto:   
            Digamos que soy bastante buen bebedor. Siempre lo he sido pero anoche me quedé colgado a mitad de borrachera porque aquella mujer decidió durante el sexto combinado de ginebra con zumo de limón que no sería una buena idea despertarse esta mañana conmigo a su lado así que decidí telefonear a algún viejo amigo para que me acompañase a un after hours donde suelen apuñalar a la gente, pero mi amigo rehusó la invitación arguyendo que llevaba "horas durmiendo" porque "la gente normal suele tener un trabajo de verdad"... de modo que no me quedó más remedio que cabrearme para acabar diciendo: "Está bien, tú te lo pierdes. Iré yo solo me tomaré una Voll-Damm y cuando llegué a casa abriré un blog para sacar a la luz todos tus trapos sucios". "¿Un blog?... Tú no puedes hacer eso. No sabes", me dijo. Y yo: "Claro que puedo. Lo vas a ver y bla bla bla".
        Evidentemente este mediodía me desperté rodeado por el enorme despliegue de una resaca de gin y pensé: "Mierda, le has dicho que ibas a escribir un blog así que... manos a la obra". Luego me di media vuelta.   

     10. Hace un rato, la redactora jefe del website donde  a veces escribo gilipolleces ha censurado mi último artículo porque, al parecer, el exceso de subjetividad y las amenazas veladas contra los autores reseñados no encajan en la línea editorial de la publicación...

      Está bien, dije que abriría un blog y es definitivo... necesito un espacio propio desde donde poder amenazar a quién me dé la gana  y tal y cómo me apetezca.